
Es seguro que no lo diré nunca;
quedará guardado bajo siete sellos;
lo callaré como calla un muerto.
No es bueno que te enteres
y me hubiera gustado no saberlo.
Pero lo sé, me pasó,
no hay más remedio;
es así, ahí está, debo ocultarlo.
No saldrá nunca de mi corazón discreto,
ni te verán mis ojos por temor a revelarlo.
Y pasarán los días, los meses, mucho tiempo,
el que me reste hasta que yo parta,
y no lo sabrás ni tú ni nadie,
porque es un secreto y como tal
se hace preciso que no hable.
Aunque me muera por decirlo, no diré;
darlo a la luz me tornaría un infame.
Seguirás viviendo en paz tu dulce vida;
puse mil cerrojos al secreto
y después, por ti, tiré las llaves.
Daniel Adrián Madeiro
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